lunes, 21 de julio de 2014

Volverán las oscuras golondrinas - Gustavo Adolfo Bécquer

Creo que este es uno de los poemas que demuestran con más fuerza lo que un gran amor nos puede dejar. 

El poema de Bécquer deja claro que después que se vive un gran amor (y cabe aclarar que cero modestia de su parte al referirse que él es ese gran amor en la vida de la dama a la que dedica los versos) es imposible olvidarle, porque aunque se crea que se ha vuelto ama, aunque se crea que la ilusión del amor romántico vuelva no será real, porque el verdadero amor sólo se vive una vez y con nadie más que él la vivirá.


Volverán las oscuras golondrinas 
en tu balcón sus nidos a colgar, 
y otra vez con el ala a sus cristales, jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar; 

aquellas que aprendieron nuestros nombres, 
esas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas 
de tu jardín las tapias a escalar, 
y otra vez a la tarde, aun mas hermosas, 
sus flores abrirán;
pero aquellas cuajadas de rocío, 
cuyas gotas mirábamos temblar 
y caer, como lágrimas del día... 
esas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos 
las palabras ardientes a sonar; 
 tu corazón, de su profundo sueño 
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas 
como se adora a Dios ante su altar, 
como yo te he querido... desengáñate, 
¡así no te querrán! 


Por:
R. B. Lescure

miércoles, 9 de julio de 2014

Ser "Open Mind"

Últimamente escucho mucho eso de ser "open mind" (ser "mente abierta" en español) y ese nuevo estigma social en el que debes aceptarlo todo, hacerlo todo y experimentarlo todo porque sino lo haces eres un "mente cerrada" y estás a un paso de haber sido criado en el siglo XIX.

En lo personal me parece tonto, e incluso me parece falta de criterio tener que aceptar todo porque esa es la "moda" o por pertenecer a cierto grupo de amigos.

¿Dónde quedó la libertad de escoger? ¿Dónde quedó el criterio? ¿Dónde está nuestra cordura y discernimiento? ¿A dónde va la individualidad y diversidad?... ¿Qué sentido tiene estar vivo y decir que somos diferentes si ahora todos tienen que ser "open mind"? ¿A caso no puedo tener una opinión diferente?

Quiero aclarar que no todas las personas que conozco son así, pero últimamente me he topado con muchas de este estilo. En lo personal, para mí ser "open mind" no quiere decir aceptar toda idea o pensamiento de "new age" que llegue a nuestras manos, sino que debemos escucharlo con atención y hacernos un sin número de preguntas para poder aceptarlo, para saber si realmente quiero aceptar algo nuevo a mi vida, y si no lo quieres aceptar sólo tienes que crear tu criterio al respecto.

Creo que se ha prostituido de mala forma eso de ser "open mind". El hecho que (a continuación pondré ejemplos tangibles y mis disculpas a aquellos que no estén de acuerdo o se sientan aludidos) consumas drogas no te hace "open mind", que tengas amigos o seas homosexual no te hace "open mind", que estés a favor del aborto, del alquiler de vientres o de la fecundación artificial no te hace "open mind", que estés de acuerdo con practicar el amor libre no te hace "open mind". Al igual que el ser un puritano casto no te hace un "mente cerrada", que te encuentres en contra del matrimonio homosexual no te hace un "mente cerrada", que estés en contra de la experimentación genética, los anticonceptivos o la eutanasia no te hace un "mente cerrada", y tampoco el que digas ser monógamo por naturaleza te hace un "mente cerrada".

Creo que lo que realmente nos puede hacer quedar como "open mind" o "mentes cerrada" son nuestras actitudes y evasiones a querer escuchar opiniones diferentes a la de nosotros. No estoy diciendo en ningún momento que si no estamos de acuerdo con un tema no expongamos nuestro desacuerdo (todos tenemos el derecho a la libertad de expresión, y ese derecho incluye hasta decir lo contrario de lo que los demás piensan - no hay derecho a la libre expresión sin el libre pensamiento-), sino que al escuchar una opinión que es diferente a la nuestra debemos escucharla por muy en desacuerdo que estemos y debatirla de la forma más cuerda posible.

Tengo amigos con los que pienso totalmente diferente, pero somos amigos porque podemos discutir nuestros puntos de vistas sin tener que llegar a un acuerdo, y hay una retroalimentación de conocimientos extraordinarios, y esta, justamente esta, es la clave para vivir en armonía.

La clave de ser "open mind" no es ser abierto a aceptar todo lo nuevo, sino ser capaz de escuchar las opiniones diferentes y comprender que toda persona tiene el derecho de pensar y actuar de diferentes formas, inclusive si nosotros consideramos que esas formas son totalmente disparatadas.

En fin, creo que lo único que quiero decir es que vivamos y dejemos de vivir, escuchemos y veamos con ese par de oídos y ojos que Dios nos dio, pero eso no te quita el derecho de opinar cómo tú piensas cuál es la verdadera forma de hacer las cosas, después de todo tenemos un cerebro para pensar, un par de manos para escribir y una voz para hablar.

Por:
R. B. Lescure

miércoles, 4 de junio de 2014

Hoy quiero recordar cuánto te amé

A continuación les dejo un poema escrito por mi persona.

En el vídeo me podrán escuchar recitándolo, y abajo les dejo la letra para que puedan leerlo o copiarlo (citándome, claramente).



Hoy quiero recordar cuánto te amé. 
No lo haré otro día,
porque tal vez ese día mis palabras carezcan de sentido,
lo haré ahora porque sé que puedo recoger en un suspiro este amor que caló bien adentro.


No me preocupo por el futuro,
porque sé,
si todo se sale bien, algún día podré amar a alguien más.

¿Pero hoy?
Hoy quiero recordar cuánto te amé,
tal vez mañana sea tarde para decirlo.
Hoy estoy más que segura que todo fue cierto,
aunque no me robaras un beso en el cine o me tomaras de la mano en el centro.

Hoy quiero recordar cuanto te amé....
quiero recordar lo nuestro,
no porque ya no te quiera,
sino porque siento que si pasa un día más
no podré describir la fuerza con la que todavía hoy penetras mi pensamiento.

Creo que no quiero decirte cuanto te amé, porque aún hay algo en mi que te ama,
y esa pequeña parte confiesa que aún te piensa y siente en mis noche más vacías.

Sé que hay momentos que mi pensamiento te anhela,
en esos pequeños momentos de angustia,
o ese breve susurro al oído que gritaba "te quiero".

Hoy quiero recordar cuanto te amé,
aunque en momentos solía amarte con rabia y odio,
pero ¿sabes?
te amaba…
Te amaba con locura desesperada y arrolladora.
Te amaba porque sí,
yo simplemente te amaba a mi manera,
un poco torcida tal vez, pero era amor de todas formas.

Recuerdo claras tus palabras,
me decías "te amo" mientras yo quedaba muda del miedo,
lo recuerdo.

Tus palabras eran creíbles,
al igual de mi ilusión por creer que las mismas eran ciertas
... ¿y tu enojo?,
me sonrojaba
porque nunca pude decirte de frente cuánto te amaba.

No te cansabas de repetirme lo mucho que me necesitabas,
lo mucho que me querías
y lo importante que era yo para tu vida.
Sin embargo, eran palabras vacías.
Con tus actos me destrozabas,
y cada vez que estaba contigo sentía que algo dentro de mi moría.
Pero a mi no me importaba,
hacía como si no me diese cuenta,
a pesar de esto te amaba con locura, estaba ciega...
ciega de amor por ti.

Hoy quiero recordar cuánto te amé,
porque aún sigo sin comprender cómo es posible amar quien te hiere en tantas formas posibles.
Sigo sin entender cómo el tiempo demora en sanar las heridas,
cómo es posible que verte un instante,
y ¡"zaz"! (chasquido con los dedos)
cambie el sentido de mi vida por completo.

Está bien,
lo confieso,
desde que no nos vemos no he sido una santa,
cambié por mí bien.
Ahora me siento un poco fría y dura,
no dejo que nadie atraviese mi coraza,
he besado otros labios… bueno,
muchos labios, pero sólo por olvidarte.

¿Y sabes? Creo que por fin lo estoy logrando.

Pero ¿hoy?
Hoy quería recordar cuánto te amé,
porque mañana tal vez no podré hacerlo.
Porque tal vez mañana sea el día en que seas sólo un lindo recuerdo,
pero hoy,
mientras aún te sienta en mi corazón,
quiero aprovechar y decirte que lo nuestro no fue mentira,
y que te amé aunque nunca supe decirlo.


Por:
R. B. Lescure

domingo, 1 de junio de 2014

¿Y tú, cuánto cuestas?

Ya sé que publicar este artículo en el blog puede ser algo desactualizado, especialmente tomando en cuenta dos cuestiones, la primera que el mismo fue publicado originalmente el 30 de enero de este año en el diario La Prensa, y en segundo lugar porque las elecciones ya acabaron.

Pero, bueno, este es mi blog, y me dijeron que lo mejor que podía hacer es ir publicando aquí todos los artículos que se me publicaban en otras páginas o lugares como algún tipo de "back up" virtual. So, here I go...
Nuestro país se encuentra en proceso de elecciones; época en que se promete hacer “grandezas” y solucionar todos los problemas en cinco años. Nos encontramos bombardeados de la publicidad política agresiva, que no nos permite ver con claridad cuáles son las propuestas viables que tenemos, su rentabilidad y cuánto costarán a largo plazo.

Vivimos en una sociedad en que la mayoría piensa en votar por quien me resuelva más rápido, el que me dará más subsidios o me regala más cosas durante su campaña política y, posteriormente, en su posible gobierno. 
No nos damos cuenta de que la mayoría de las campañas políticas tiene como objetivo darnos el pescado, en vez de enseñarnos a pescar; tratan de comprarnos y nosotros dejamos que lo hagan. 
El país está acostumbrado a un Estado paternalista que le regala todo cuando llora; pero también es un Estado que se aprovecha de ellos, al endeudarnos a través de grandes préstamos dirigidos a un exceso de obras en corto tiempo, y lo peor es que no se dice nada, porque el pueblo está feliz ante los subsidios que les “regalan”. 
Estamos creando un sistema insostenible, en el que se ceba a la población a través de regalos y se le vende la idea de que entre más cosas le den, tendrá mejor calidad vida. Esto es una seria equivocación, la verdadera calidad de vida se mide a través de índices de educación, salud, seguridad y justicia que, realmente, reflejan que el desarrollo llega integralmente a todo el país.
Panamá se encuentra dentro de los primeros 20 países del mundo con peor distribución de las riquezas, y en los primeros 10 de la región. Nuestro país vive en carne propia la regla 90/10 (90% de las riquezas para el 10% de población), pero pareciera que no nos diéramos cuenta de ello. 
¿Acaso nuestro voto vale un jamón o pavo regalado? ¿Es viable la existencia de una beca universal que no incentiva a los estudiantes a ser mejores? ¿De qué nos vale un aumento de salario mínimo cuando la canasta básica está por los cielos y no se siente el impacto en nuestros bolsillos? ¿Para qué tantos proyectos de infraestructuras, cuando no podemos salir a las calles por la falta de seguridad? ¿Es justo que se gasten millones del presupuesto estatal en carnavales, mientras hay epidemias que hacen peligrar nuestra salud? 
Por último pregunto: ¿Tú cuestas esto? Pensemos a futuro y elijamos a consciencia en las próximas elecciones. Nuestro voto no se compra.

Originalmente publicado en: http://www.prensa.com/impreso/opinion/%C2%BFy-tu-cuanto-cuestas-corina-elsa-rueda-borrero/268214

Por:
R. B. Lescure

martes, 27 de mayo de 2014

Un poco de poesía

En las últimas semanas he estado llevando a cabo un proyecto que quiero continuar, y que espero contar con el apoyo de todos.

Para mi no es nada nuevo estar haciendo esto, llevo casi toda mi vida amando la poesía, fue un gusto que me dejo mi abuela, de hobby me he aprendido poemas y fragmentos cientos de veces, los he repetido en mi cabeza y dicho a una que otro amigo que desee escucharlos, pero empezar a hacer por una vía que puede llegar a más personas me resulta emocionante, es compartir lo que más he amado siempre, es compartir un pasión, y cuando hablamos de pasiones es porque hablamos de algo serio.

El proyecto es bastante joven quiero recalcar, pero eso no quita lo emocionante que es para mí y que el ímpetu que tengo para continuarlo es aún mayor. 

Tengo desde clásicos como el Poema 20 de Pablo Neruda, ¿quién nunca ha escuchado la famosa frase "es tan corto el amor y tan largo el olvido"? Y pasa los conocedores quién nunca ha suspirado con un "Puedo escribir los verso más tristes esta noche"... Sencillamente hermoso que aún perduren estas palabras y nos haga delirar de romanticismo.


Como buena panameña que soy no puede faltar exaltar lo nacional, tal como el poema de Demetrio Herrera Sevillano, "Tú siempre dices sí", que más que un llamado de atención es un reproche ante el conformismo del panameño. Este poema nos hace reflexionar sobre cómo nos quedamos callados cuando nos están pisoteando, por qué no reclamamos y lo que es peor, por qué lo aceptamos.


Cómo algo adicional, y ya bastante personal estaré publicando una que otra vez poemas de mi autoría, hacer esto me está dando algo de valor de dar a conocer lo que escribo. Este poema realmente no tiene nombre, está entre una serie de poemas de amor y desamor de mi autoría, pero si tuviera que ponerle un nombre le diría "Hoy quiero recordad cuanto te amé" por la cantidad de veces que se repite la frase en el poema. 


Este último poema trata de poder sentir todo lo que sentiste con una persona una última vez antes de dejarlo ir, trata de volver a empezar, trata de liberarte y sacar todo eso que te mantuvo encerrada por tanto tiempo.

Alrededor de todo el post he hablado sobre lo mucho que me gusta la poesía, pero creo que poder definir qué ha sido la poesía en mi vida es un poco difícil. Para mí ha sido una forma de desahogo, una forma de expresa lo que no se puede decir, mi forma de gritar, llorar, sufrir... mi forma de suspirar, ilusionarse, enamorarme y desenamorarme, ha sido mi forma especial de definir quién soy.



Por:
R. B. Lescure

miércoles, 21 de mayo de 2014

Ya votamos, ¿ahora qué?

El siguiente artículo fue originalmente publicado en el diario La Prensa en su versión impresa el Domingo 18 de mayo de 2014. El mismo fue calificado como un artículo sobre el deber ciudadano y la autora, Corina Elsa Rueda Borrero, se identificó como miembro de #JuntosDecidimos.

YA VOTAMOS, ¿AHORA QUÉ? 
La mayoría de los panameños piensa que hacer patria es participar en los comicios electorales cada cinco años, y que solo en ese momento la democracia existe. El resto del tiempo se comportan como simples espectadores de lo que ocurre a diario en el país, se quejan de los políticos por los que votaron, pero no buscan involucrarse más allá cuando ven algo infame porque lo consideran una “pérdida de tiempo”. 
La realidad es que nos hemos acostumbrado a dejar todo en manos de un grupo de personas. Pensamos que el deber ciudadano se limita a ir a votar, pero nos hemos olvidado de la fuerza que tiene la voluntad del pueblo que elige a sus representantes. 
Hacer valer el voto no es solo ir a las urnas de forma consciente, también es cuidarlo a lo largo de los cinco años en que le damos trabajo a todos los funcionarios que salen electos a través del sufragio. Es nuestro deber exigirles que cumplan con la Constitución, interponer denuncias ante los malos manejos de los recursos del Estado, hacer peticiones, e incluso motivar leyes a través de la olvidada oficina de Participación Ciudadana de la Asamblea Nacional. 
Concuerdo con el hecho de que es imposible lograr varias de las cosas mencionadas cuando se tiene una débil institucionalidad y cuando los fiscales, jueces y otros funcionarios se dejan corromper, sin embargo, no interponer la queja también nos vuelve corruptos y parte de ese ciclo vicioso que le impide al país llegar a ser de ese primer mundo, que tanto anhelamos. 
Por esto, panameños, nuestro deber ciudadano va más allá del 4 de mayo. Si yo voté por un candidato equis, más que nadie tengo el derecho de exigirle que cumpla con sus funciones y honre la investidura de su cargo. Tal como dijo el presidente electo, Juan Carlos Varela, nosotros los ciudadanos fuimos quienes lo contratamos a él, por lo tanto, somos sus jefes. Esta frase no solo se limita a Varela, como futuro jefe de Estado y de Gobierno de la República de Panamá, incluye también a los alcaldes, diputados, representantes de corregimiento, concejales y a cualquier otro funcionario o institución que maneje fondos del Estado. 
Si juntos decidimos quiénes nos gobiernan, también debemos seguir decidiendo por nuestro país, día tras día, fiscalizando la labor de los funcionarios. 
Botar tu voto sería quedarte callado cuando el funcionario electo o quien fue asignado para un cargo público no te representa adecuadamente o incumple su labor. 
Botar tu voto también es decir “no me importa” durante cinco años. Botar tu voto de cualquiera de estas formas es vivir en una democracia ficticia, y yo prefiero vivir en democracia real todos los días.
Por:
R. B. Lescure

lunes, 12 de mayo de 2014

MI PRIMERA VEZ... Votando

Eran casi las 4 p.m. cuando pude pararme a ejercer mi voto (como presidente de mesa electoral soy la última que le toca votar), me encontraba en la Escuela Manuel E. Amador y estaba en el recinto desde las 6:30 a.m., estaba cansada, ansiosa y feliz. Se acercaba el momento de empezar el conteo de votos, pero antes me tocaba ejercer el voto.


Ya sabía quienes eran mis candidatos para cada una de las cuatro papeletas, pero no pude evitar sentir miedo y nervios. Ya había hecho esto en simulacros de elecciones, pero esta vez era real, esta vez mi voto iba a contar para TODO el país, no era un simple juego, era la vida real. Por un breve instante recordé palabras del Sr. Edwin Cabrera durante un conversatorio en el que estuve, "la primera vez que vayan a votar, van a tener culillo", en definitiva él tenía razón, moría de miedo. Sudé frío una vez más, doblé las papeletas y me acerqué a las urnas a depositarlas, por último firmé el padrón electoral. Era oficial, mi mesa de votaciones estaba cerrada.


Creo que pocas veces hacemos cosas que son realmente importante y tiene una consecuencia tan profunda e inmediata en nuestro entorno, eso fue lo que significó votar para mí. Ya pasó una semana desde que esto ocurrió, pero de cierta forma quería dejarlo grabado y hacerlo saber al mundo, además estoy segura que no fui la única que se sintió nerviosa.

Algo que se mezcló también con este sentir mío, el hecho de servir a mi país como jurado electoral. Se siente la presión por todo lados, te toca decidir que voto es válido o no, ver de cerca quién va ganando y por cuánto. Yo estuve en un punto en que sentí que me ahogaba, en mi mesa los votos estaban muy reñidos entre y sólo pensaba que por favor ganara aquel que pudiera encaminar este país a lo que se necesita, que ganara a el que le importa más el país que su bolsillo, pensaba esto mientras decía en voz alta lo que cada quien había marcado en su papeleta con un poco de dificultad, porque la tensión del momento apretaba mi garganta. Cuando terminó el conteo supe que las cosas iban a estar bien, sentí paz porque sabía que iba ganando Panamá, democráticamente, mi miedo había desaparecido y sentía tranquilidad.


No quiero seguir alargando mi historia, pero de algo estoy muy segura, no cambio haber participado de la forma en que lo hice en estas elecciones, y espero sinceramente poder continuar haciendo lo que hice cada vez que se me fuese posible. 

Sólo me queda darle las gracias a mis compañeras de mesa, de verdad fuimos un gran equipo, además (sólo por añadir un pique aquí), cabe señalar, que fuimos las primeras en terminar el conteo de votos.

¡Panamá somos todos!

Por:
R. B. Lescure